El huevo frito

Hoy esto va de huevos…

Pongamos el caso. Decidimos hacer huevos fritos para cenar o comer y empezamos con ellos… uno, otro, otro y como no en este caso, el huevo negro de la familia, al que siempre se le rompe la yema antes, durante o después de sacarlo de la sarten. Ese pobre huevo que esta igual de bueno pero es un poco más feucho a la vista.

Que levante la mano la que siempre se lo tiene que comer ella porque nadie lo quiere.

Tú disimuladamente, porque una vez en tu vida quieres comer un huevo que no sea el feucho, le pones el plato ahí como el que no quiere la cosa a uno de tus hijos o a tu costilla. Oye pues parece que tienen un radar de huevos feos, y siempre es lo mismo: ¿Mamá me lo cambias?

Podemos dar mil razones tipo

  • Que más te da, si lo vas a romper con el pan.
  • Hijo si sabe igual.
  • Qué yo también quiero comerme alguna vez uno sin romper.
  • ¿¡Roto!? ¿Dónde está roto? yo no lo veo.
  • Ahhh lo siento te ha tocado ese.

Por mucho que digamos, hagamos, pataleemos, lloremos siempre nos comemos el huevo feucho. Para no tener una discusión, porque además parece que todos se ponen en contra tuya en ese momento, nadie te defiende por si se tiene que comer “el huevo él/ella”.

Yo ya me he resignado y no hace falta decir, “ese es el mío” , directamente me lo ponen en mi sitio cuando llevan los platos a la mesa. 😀

 

Pd: La foto no es mía la he sacado de la web, hace tiempo que no cenamos huevos frítos, pero en cuanto lo hagamos y se rompa uno la haré y la subiré a mi Instagram.

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